Homilia del Arzobispo con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Homilia del Arzobispo con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA
Vida Consagrada, “amigos fuertes de Dios”

Catedral Basílica de Ntra. Sra. del Pilar
2 de febrero de 2015

El día 2 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Desde el año 1997, por iniciativa del querido y recordado Papa san Juan Pablo II, se celebra también la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Esta Jornada tiene como finalidad ayudar a toda la Iglesia a valorar cada día más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca por el camino de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quiere ser para las personas consagradas una ocasión propicia para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor.

En esta Jornada nuestra Iglesia Diocesana de Zaragoza hace una singular ofrenda y ofertorio, en el que los hombres y mujeres consagrados renováis espiritualmente vuestra entrega a Cristo y a la Iglesia. Al hacerlo nos ayudáis a todos a crecer en la dimensión oblativa a Dios y a los hombres.

Nombres de la fiesta

Esta fiesta tiene varios nombres. Presentación del Señor en el templo, denominación actual de la liturgia renovada después del Concilio Vaticano II, para resaltar el aspecto cristológico. Purificación de la Virgen, en relación con el antiguo rito de la ley de Moisés, que nos refieren los libros del Exódo, Levítico y Números; se destaca la dimensión mariana. Fiesta del Encuentro de Jesús con el pueblo creyente de Israel, representado por el anciano Simeón y la profetisa Ana. Finalmente se denomina la Candelaria, a causa de la bendición y procesión de las candelas.

Todos estos nombres encuentran su punto focal y centro en el ofrecimiento-oblación de Cristo al Padre. Hoy es una fiesta del Señor. Malaquías (1ª lectura) anuncia que el mensajero entrará en el santuario para presentar la ofrenda. En el evangelio, Jesús entra en el templo para ser presentado según la ley y es rescatado por la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas y dos pichones. Es llamado Luz de las naciones y como Sumo Sacerdote compasivo y fiel expía los pecados del pueblo (2ª lectura).

Valor de la vida consagrada

La Iglesia estima mucho la vida consagrada que, bajo la guía del Espíritu Santo, reviste diversas formas a lo largo de los siglos. El Papa Francisco convocó el Año de la Vida Consagrada, con motivo del 50º aniversario de la Constitución dogmática Lumen Gentium, que en capítulo sexto trata sobre los religiosos, así como del Decreto Perfectae Caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa.

En España coincide con el Año Jubilar Teresiano, con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Por eso el lema que hemos escogido en la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española es: “Amigos fuertes de Dios”. Son estos “tiempos recios”, que diría Santa Teresa de Jesús, y “son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos” (Libro de la Vida 15, 5).

A esta amistad, que se forja en la intimidad de la oración, estamos todos convocados, y de manera especial las personas consagradas, llamadas a testimoniar la alegría que nace del encuentro con el Señor y nos dispone a llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra con una solicitud especial por las periferias existenciales.

En nuestra sociedad, a menudo carente de valores espirituales, la Doctora Mística nos enseña a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción. El mensaje de oración, que nos entrega Santa Teresa de Jesús es muy necesario en este tiempo, en que estamos tentados por el reclamo y el compromiso del mundo exterior, por el trajín de la vida moderna y por tantas ocupaciones que nos distraen de lo verdaderamente esencial.

El Papa Francisco, en la parte final de su Carta apostólica a los consagrados nos invita a los pastores de las Iglesias particulares a tener una solicitud especial para promover en nuestras comunidades los distintos carismas, sean históricos, sean nuevos, sosteniendo, animando, ayudando en el discernimiento, haciéndonos cercanos con ternura y amor a las situaciones de dolor y debilidad en las que pueden encontrarse algunos consagrados y, en especial, iluminando con su enseñanza al pueblo de Dios sobre el valor de la vida consagrada, para hacer brillar su belleza y santidad en la Iglesia.

Por eso he escrito mi primera carta pastoral un poco amplia titulada: “La Vida Consagrada, don de Dios a su Iglesia”. Os invito a su lectura.

Como Arzobispo agradezco, en nombre propio y en el de toda la Archidiócesis de Zaragoza, la presencia y misión de todos vosotros, queridos consagrados. Acojo con generosidad y estimo con sentimiento de gratitud los diversos carismas que son un gran bien para nuestra Iglesia Diocesana. A la vez animo y exhorto a todos los consagrados a ser cada día más fieles a su vocación y a colaborar en la misión evangelizadora de nuestra Iglesia particular de Zaragoza, actuando en plena comunión con el Arzobispo, con los sacerdotes y con los laicos. Una expresión significativa de esta comunión es la celebración de esta Eucaristía, en la Basílica Catedral de Ntra. Sra. del Pilar, donde el Arzobispo tiene su cátedra para enseñar y su altar para santificar. Expresión de la comunión eclesial es también la participación de religiosos y religiosas en los actos organizados por la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada, a cuyo Vicario Episcopal le agradezco su generoso trabajo y dedicación fiel. Cada vez tenemos que trabajar más unidos religiosos, sacerdotes y laicos en torno al Pastor de la Iglesia Diocesana y llevando a cabo el Plan Pastoral Diocesano
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Queridos hermanos y hermanas: al veros esta tarde aquí, pienso en los hombres y mujeres de nuestra Archidiócesis de Zaragoza consagrados a Dios en los monasterios, en la soledad y el silencio, en la oración y penitencia; en las distintas casas de religiosos dedicados a actividades apostólicas, educativas y asistenciales; en las Sociedades de vida apostólica; en los miembros de los Institutos seculares; en el ordo virginum (las vírgenes consagradas), en las nuevas formas de vida consagrada.

Que la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección del Señor, nos llene de gracia para recorrer los caminos de la monja andariega Santa Teresa de Jesús: el camino de la alegría de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo. Lo suplicamos por intercesión de Nuestra Madre la Virgen del Pilar, mujer fuerte y valiente, modelo y maestra de quienes deseamos ser y vivir como “amigos fuertes de Dios”. Amén.

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Fuente: ArchiZaragoza.org

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