Comienza el Adviento

Comienza el Adviento

imagenLa Iglesia comienza el año litúrgico con el primer domingo de Adviento, tiempo de preparación a la Navidad. La primera mención a su celebración es el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380, en el que se establecía que a partir del 17 de diciembre se debía acudir durante tres emanas cada día a la iglesia.

Durante estas semanas se nos presentan las figuras del profeta Isaías, san Juan Bautista y la Virgen María y se recuerdan las tres venidas del Señor:

  • en el pasado, la primera, el acontecimiento del nacimiento del Señor en Belén, cuando “por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”;
  • – en el presente, cuando nos visita con su gracia para que acojamos mejor el misterio de la Navidad;
  • en el futuro, la definitiva, cuando “de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”.

Este tiempo, cuyo color es el morado y que se significa también en la corona de Adviento, nos invita a la vigilancia y la espera definitiva en del Señor, a la moderación y la humidad, la oración y el trabajo, la constancia en la fe, a valorar en su justa medida este mundo y poner el corazón en el deseo del cielo.


 

El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:

– espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
– conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 3,2);
– esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y “nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es” (1 Jn 3,2)

Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 96

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