Lecturas del Jueves Santo

Lecturas del Jueves Santo

MISA DE LA CENA DEL SEÑOR

Entrada

En este día del Jueves Santo recordamos intensamente, las palabras y los gestos de Jesús, el día la institución del sacerdocio y de la Eucaristía, cuando, sentados a la misma mesa, Jesús quiso compartir con sus apóstoles la cena pascual.

 

Primera Lectura

La fiesta de la Pascua recuerda y hace presente entre los israelitas el Paso del Señor por las tierras de Egipto y cómo les llevó de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida.

PRIMERA LECTURA
Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: – «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.” »

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18

 R. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

 

Segunda Lectura

San Pablo nos narra la institución de la Eucaristía, la misma tradición que procede de Jesús y que nos ha llegado de modo interrumpido por medio de la Iglesia.

SEGUNDA LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

– «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

– «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor–: que os améis unos a otros, como yo os he amado.

 

EVANGELIO
Los amó hasta el extremo

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Gloria a ti, Señor.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que habla llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre habla puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

– «Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?»

Jesús le replicó:

– «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. »

Pedro le dijo:

– «No me lavaras los pies jamás.»

Jesús le contestó:

– «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

– «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

– «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

– « ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Peticiones

SACERDOTE: Oremos al Padre del cielo para que su amor llegue a todos, diciendo: Escúchanos, Padre.

+ Por todos los cristianos, para que nuestra vida sea expresión del amor y la entrega de Jesús por todos. Oremos.

+ Por los pastores de la Iglesia, para que expresen con su ministerio la presencia del Señor en medio de su Iglesia, oremos.

+ Por los pobres y necesitados, para que el ejemplo de Cristo nos estimule a ser generosos y solidarios con ellos, oremos:

+ Por todos nosotros, que estamos reunidos en torno al altar, para que la Eucaristía sea siempre alimento para nuestra vida cristiana, oremos:

SACERDOTE: Escucha, Padre, la oración confiada que te dirigimos como discípulos de Jesús, tu Hijo, que vive y reina, por los siglos de los siglos. Amén

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