Lecturas del Domingo 2 de Febrero: Fiesta de la Presentación del Señor

Lecturas del Domingo 2 de Febrero: Fiesta de la Presentación del Señor

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

(Por caer en domingo, esta fiesta del Señor tiene precedencia sobre el domingo IV del Tiempo Ordinario)

Moniciones y lecturas

Monición de entrada

La presentación de Jesús en el templo nos muestra como toda la esperanza de Israel es va  al encuentro de su Salvador: el Mesías tan esperado, “luz de las naciones” y “gloria de Israel”, pero también “signo de contradicción”. La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado “ante todos los pueblos”.

 

Primera lectura

Malaquías profetizó que el mensajero, el Mesías, entraría en el templo

PRIMERA LECTURA
Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis

Lectura de la profecía de Malaquías                                                                          3, 1-4

Así dice el Señor:

«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.

De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar – dice el Señor de los ejércitos -. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?

Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 23, 7. 8. 9. 10

R. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?

-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.

 

Segunda lectura

Jesús participó de nuestra propia carne y sangre para expiar los pecados del pueblo.

SEGUNDA LECTURA
Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos                                                                           2, 14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

ALELUYA

Lc 2, 32

Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

 

EVANGELIO
Mis ojos han visto a tu Salvador

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas                                                   2, 22-40

Gloria a ti, Señor.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

-«Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

–«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Peticiones

Sacerdote. Elevemos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso para que escuche nuestras oraciones en favor de la Iglesia y del mundo

– Por la santa Iglesia de Dios, para que haga brillar ante los hombres la luz de Cristo, salvador de las naciones. Roguemos al Señor.
– Por todos los religiosos y todos los consagrados, para que sigan a Cristo con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Roguemos al Señor.
– Por los gobernantes de las naciones, para que busquen siempre la justicia y la paz. Roguemos al Señor.
– Por los ancianos y jubilados para que no se sientan desesperanzados y pongan al servicio de los demás su tiempo y su experiencia. Roguemos al Señor.
– Por las madres de familia: para que Dios les bendiga en su tarea de educación de los hijos. Roguemos al Señor.
– Por todos nosotros y por quienes se encomiendan a nuestras oraciones, para que se hagan realidad las necesidades materiales y materiales, siempre que sean para nuestro bien. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, que recibiste hoy en tu templo a tu Unigénito, que se ofrecía por nosotros: te pedimos humildemente que escuche nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

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