Lecturas del 2 de Enero, Conmemoración de la Venida de Nuestra Señora del Pilar a Zaragoza

Lecturas del 2 de Enero, Conmemoración de la Venida de Nuestra Señora del Pilar a Zaragoza

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Según una piadosa tradición la Virgen Mará vino en carne mortal a Zaragoza el 2 de enero del año 40,  a las orillas del Ebro, donde estaba orando el apóstol Santiago el Mayor.

 

Antífona de entrada                                                                                        Ap 21, 3

 

Escuché una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios».

 

o bien                                                                                                         1 Re 9, 3

 

He elegido y santificado  este lugar con mi presencia, para que en él resida mi Nombre para siempre; siempre estarán en él mi corazón y mis ojos.

 

Oración colecta

Oh Dios, que de modo inefable has edificado

un templo santo para tu Hijo ,

con la presencia singular de Santa María la Virgen,

concédenos adorarte en el Espíritu Santo y en la verdad,

siguiendo fielmente la gracia del bautismo,

para merecer convertimos nosotros también

en templos vivos de tu gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Nuevo Universo y Nueva Ciudad

 

Lectura del libro del Apocalipsis                                                                    21, 1-5a.

 

Vi entonces un cielo nuevo y una tierra nueva,   porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.

Y vi bajar del cielo, de junto a Dios, a la ciudad santa, la nueva Jerusalén,  ataviada como una novia que se adorna para su esposo.

Y oí una voz potente que decía desde el trono:

«Esta es la morada de Dios con los hombres,

Él habitará con ellos

y ellos serán su pueblo,

Dios en persona estará con ellos y será su Dios

Él enjugará las lágrimas de sus ojos.

Ya no habrá muerte, ni luto,

ni llanto, ni dolor,

pues lo de antes ha pasado».

Y el que estaba sentado en el trono dijo:

«Todo lo hago nuevo».

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial                                                                  Jdt 13. 18bc-19

V. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.

R. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.

V. El Señor te ha bendecido, hija nuestra,

más que a todas las mujeres de la tierra.

Bendito el Señor, creador del cielo y la tierra.
R. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.

V. El Señor ha glorificado hoy tu nombre:

por eso, los que en adelante guarden memoria

de esta obra poderosa de Dios,

conservarán tu esperanza en el corazón.
R. Tú eres el orgullo de nuestro pueblo.

Aleluya

 

Dios te salve, santa María, templo de justicia,

templo de piedad para nosotros, pecadores.

Dios te salve, templo lleno del Espíritu Santo,

que el Padre eligió para el Hijo.

 

EVANGELIO

La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas                                            1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando a su presencia, dijo:

— “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

— “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.  Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Y María dijo al ángel:

— “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”.

El ángel le contestó:

— “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”.

María contestó:

— “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.

 

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor,

los dones que te presentamos con alegría

en la conmemoración de la venida de santa María del Pilar,

cuya vida es para nosotros modelo de oración y de alabanza,

y concédenos vivir como ella para ofrecerte un sacrificio verdadero.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Porque te has preparado una morada en nosotros,

purificada e iluminada por el Espíritu Santo

y santificada con tu presencia.

 

La Virgen María,

por el misterio de la encarnación,

y por su fe obediente,

se convirtió en templo singular de tu gloria,

casa de oro

adornada por el Espíritu con toda clase de virtudes,

palacio real resplandeciente por el fulgor de la Verdad,

ciudad santa que alegran los ríos de la gracia,

arca de la nueva Alianza que contiene al Autor de la nueva ley,

Jesucristo, Señor nuestro.

 

Por él,

los ángeles y los arcángeles

te adoran eternamente,

gozosos en tu presencia.

Permítenos unirnos a sus voces

cantando tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo,…

 

Antífona de comunión                                                                                 Cf. Sal 45

Dichosa eres, Virgen María,

morada consagrada del Altísimo;

teniendo a Dios en medio, no vacilas.

 

Oración después de la comunión

Alimentados con esta eucaristía,

haz, Señor, que te sirvamos con una conducta libre de pecado

y, siguiendo el ejemplo de la Virgen María,

te veneremos presente en nuestros hermanos

y proclamemos con ella tu grandeza,

alabándote sinceramente.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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