Lecturas para el II Domingo de Pascua

Lecturas para el II Domingo de Pascua

Entrada

La Pascua nos hace revivir lo más decisivo de nuestra fe: Jesucristo, que murió por amor, resucitó y ahora vive para siempre. Como a los Apóstoles, Él se hace presente entre nosotros en cada Eucaristía y nos da su paz y su Espíritu. Bienvenidos. Que el Resucitado nos haga testigos de su amor.

 

Primera Lectura

Los apóstoles discípulos prodigios, signos de la presencia de Cristo entre ellos, y el Espíritu Santo hace crecer el número de los creyentes.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (5,12-16)

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban. Palabra de Dios

 

Salmo Responsorial

Sal 117,2-4.22-24.25-27a (R.:1)

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

 

Segunda Lectura

San Juan ve al Resucitado por encima de los poderes del mal y de la muerte.

Lectura del libro del Apocalipsis (1,9-11a.12-13.17-19)

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra, Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia.» Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.» Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan  20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.  Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»  Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor Mío y Dios Mío!»  Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre. Palabra del Señor.

 

Peticiones

SACERDOTE: Acudimos a Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

  • Por la Iglesia, para que sea en medio del mundo testimonio de amor y esperanza. Oremos.
  • Por todos los pueblos, para que la paz de Cristo apague los odios y renueve un orden nuevo de convivencia. Oremos.
  • Por los que buscan la fe, para que tengan la dicha de poder creer sin ver. Oremos.
  • Por nuestra comunidad, para que sea ejemplo de comunión alegría, esperanza y amor. Oremos
  • Por los difuntos de nuestra comunidad, para que el Señor les acoja en su seno misericordioso. Oremos.

SACERDOTE: Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y haz de nuestra vida un testimonio de tu Evangelio. Tú que vives y Reinas por los siglos de los siglos.

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